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JUSTICIA, PAZ E INTEGRACIÓN LA CREACIÓN
JPIC

 

FRANCISCO PROMOTOR DE LA PAZ

 

El principio de la no-violencia tan pregonado por Francisco tiene estrecha relación con la virtud de la pobreza, pues ser violento es colocarse por encima de otros, dominándolos y sometiéndolos a la voluntad de uno. Principalmente la propiedad posee ese vínculo sin mascaras con la violencia o la pérdida de paz y tranquilidad el corazón.
“Si tuviéramos posesiones, necesitaríamos armas para nuestra protección. Y de ahí surgen los litigios y las contiendas que suelen impedir de muchas maneras el amor de Dios y de prójimo”. TC, 35.
Por eso, es necesario apartarse de una comprensión superficial del concepto de paz. Francisco habla de la “verdadera paz del cielo” y de un amor sincero en el Señor”. Paz es para él un regalo del cielo y está esencialmente ligada a Jesucristo (Ef.2), “en quien todas las cosas que hay en cielos y tierra fueron pacificadas y reconciliadas con el Dios omnipotente” (Carta a toda la Orden, 13). La paz verdadera la experimenta quien vive completamente en Dios.
Francisco se entiende a sí mismo esencialmente como pacificador, y une el empeño del ser humano por la paz a su capacidad de sufrir, lo que en este caso es igual a no-violencia:
“Son verdaderamente pacificadores los que en medio de todas las cosas que padecen en este mundo, conservan por el amor de nuestro Señor Jesucristo, la paz tanto en el pensar y sentir (alma) como en el comportamiento social (cuerpo)”. Adm. 15.
La no-violencia es una actitud del hombre y no solamente un añadido externo. Igualmente el pensar y el hablar deben ser no-violentos:
“Aconsejo, amonesto y exhorto en el Señor Jesucristo a mis hermanos que, cuando van por el mundo, no discutan por cuestiones de palabras (cf. 2 Tm 2,14), ni juzguen a otros, sino que sean apacibles, pacíficos, corteses, mansos y humildes, tratando a todos honestamente, como conviene”. (2R 3,10s).
Y para vivir y anunciar la paz es necesario tenerla en el corazón. Francisco como pacificador y promotor de la paz recurre a los medios de la paz para promoverla, empeña su propia persona, hace uso de la persuasión, de la evangelización y hasta de la poesía y la canción. Pues la paz exige un trabajo constante a favor de la justicia.
ACTITUD FRANCISCANA HOY
“El fruto de la justicia será la paz”. Ls 32,17.

En Bahía, el Consejo Plenario exhorta: “Concienticémonos nosotros y concienticemos a nuestro pueblo acerca de los injustos sistemas de dominación socio-económica, política y cultural de millones de personas en el Tercer Mundo… y promovamos un nuevo orden económico y político que traiga mayor justicia a nuestro mundo”. (Bahía 1983, 31/d).
Mattli (1982) denunció duramente la violación de los derechos humanos. Los franciscanos deben utilizar todos los medios legítimos para lugar por la defensa de los derechos humanos y de modo especial también por los derechos de la mujer en la sociedad y en la Iglesia.
En ese sentido los textos siguientes proporcionan pistas para nuestra caminada:
“Existe una manera franciscana de estar presente en las luchas socio-políticas. Consiste en la capacidad de soportar y en la fraternidad, en el desafío y en el espíritu de paz. Todos tienen necesidad de ese tipo de testimonio” (N° 22). “El franciscano procura fortalecer la conciencia de la propia dignidad de los pobres, preparándolos a defender sus derechos. A través de un primer diálogo franco, los hermanos, en el Primer Mundo y en el tercer Mundo, procurarán ganar influencia en las decisiones tomadas por los gobiernos y por las compañías multinacionales”. (N° 23)
“Francisco era manso, pero no tonto; sabía cuándo debía actuar con firmeza y energía; cuándo ésta podía convertirse en un gesto profético… No preconiza una actitud pasiva ni conformista ante la violencia, sino militante… Ante la agresión, el hombre reacciona, pero no de manera destructiva sino constructiva, desencadenando una acción favorable sobre el agresor… Su no-violencia es activa, creadora, fecunda”. Mario Cayota.
La acción tiene que ser pensada y realizada en los dos polos; no sólo la liberación de los pobres, sino también la liberación de los ricos. Estos se liberan en la medida en que se solidarizan con los pobres. Y los pobres se liberan en la medida en que asumen su propia historia y caminan en dirección no de la riqueza, porque eso no es una alternativa cristiana, sino de la justicia”. Leonardo Boff.
Trabajar valiente e incansablemente por un sistema social justo y fraterno, fundamentado en el respeto y en la igualdad es el gran desafío para ser cristiano. “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”. Juan Pablo II.

"Bien lo saben cuantos hermanos convivieron con él, qué a diario, qué de continuo traía en sus labios la conversación de Jesús; qué dulce y suave su diálogo; qué coloquio más tierno y amoroso mantenía. De la abundancia del corazón habla la boca, y la fuente de su amor iluminado que llenaba todas sus entrañas, bullendo saltaba fuera. ¡Qué intimidades las suyas con Jesús! Jesús en el corazón, Jesús en los labios, Jesús en los oídos, Jesús en los ojos, Jesús en las manos, Jesús presente siempre en todos sus miembros... Porque con amor ardiente llevaba y conservaba siempre en su corazón a Jesucristo, y éste crucificado, fue marcado gloriosamente sobre todos con el sello de Cristo..." (1Celano 115)

AMOR A LAS CRIATURAS

Al tiempo que aumentaba el número de los hermanos, como queda dicho, el beatísimo padre Francisco recorría el valle de Espoleto. Llegó a un lugar cerca de Menavia donde se habían reunido muchísimas aves de diversas especies, palomas torcaces, cornejas y grajos. Al verlas, el bienaventurado siervo de Dios Francisco, hombre de gran fervor y que sentía gran afecto de piedad y de dulzura aun por las criaturas irracionales e inferiores, echa a correr, gozoso, hacia ellas, dejando en el camino a sus compañeros. Al estar ya próximo, viendo que le aguardaban, las saludó según su costumbre: "¡El Señor os conceda la paz!". Admirado sobremanera de que las aves no levantaran el vuelo, como siempre lo hacen, con inmenso gozo les rogó que tuvieran a bien escuchar la palabra de Dios. He aquí algunas de las muchas cosas que les dijo: "Mis hermanas aves, mucho debéis alabar a vuestro Creador y amarle de continuo, ya que os dio plumas para vestiros, alas para volar y todo cuanto necesitáis. Os ha hecho nobles entre sus criaturas y os ha dado por morada la pureza del aire. No sembráis ni recogéis, y, con todo, El mismo os protege y gobierna, sin preocupación alguna de vuestra parte". Al oir tales palabras, las avecillas -lo atestiguaba él y los hermanos que le acompañaban- daban muestras de alegría como mejor podían: alargando su cuello, extendiendo las alas, abriendo el pico y mirándole. Y él, paseando por en medio de ellas, iba y venía, rozando con el hábito sus cabezas y su cuerpo. Luego las bendijo y, hecho el signo de la cruz, les dio licencia para volar hacia otro lugar.

El bienaventurado Padre reemprendió el camino con sus compañeros, y, gozoso, daba gracias a Dios, a quien las criaturas todas veneran con devota confesión... A partir, pues, de este día, comenzó a exhortar con todo empeño a todas las aves, a todos los animales y a todos los reptiles, e incluso a todas las criaturas insensibles, a que loasen y amasen al Creador, ya que comprobaba a diario la obediencia de todos ellos al invocar el nombre del Salvador. (1 Cel 58).

 

 
   
     
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